
Es fascinante encontrar libros que siempre quise leer on line y encima gratis. No voy a argumentar acerca de la ilegalidad de las descargas, de los derechos de autor y demás cuestiones, todas muy válidas a mi humilde entender, sino que voy a hablar desde mi lugar como simple lectora, que ama los libros pero cuyos valores son inaccesibles para su pobre bolsillo. ¿Qué más quisiera yo que poder comprarme los libros (y de paso no leer de la PC que me deja los ojitos en compota y pegados a la pantalla)?
Sin embargo a la velocidad que leo, no alcanzo a abastecerme, sin mencionar aquellos libros que aún pagando, no los consigo (si alguien sabe dónde puedo encontrar “La inquilina de Wildfell Hall” de Anne Brönte, por favor que me lo haga saber).
Es así que llegué al paraíso del lector: las bibliotecas virtuales. Mi vida cambió para siempre: no más ediciones agotadas, ni cifras astronómicas por un solo libro, ni más fotocopias, ni más caras desconcertadas de libreros como si en vez de un autor, les estuviera preguntando por el precio del hígado picado.
Igualmente leer desde la computadora cansa y mucho, por eso ando averiguando precios de e-readers, que de paso son más livianitos y prácticos. Como siguen siendo caros, voy a tener que esperar un poco más, que sean más masivos y allí calculo que podré embarcarme en la compra de uno en tropecientas mil cuotas (todo sea por amor a la literatura, ¿vio?)
Les dejo dos artículos muy interesantes del blog Re(paso) de lengua. El primero habla acerca de los precios de los libros digitales y la piratería: